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¿Cómo mejorar la comprensión lectora en niños y niñas?

En este artículo
  • Comprensión lectora: emocionarse para aprender
  • ¿Qué entendemos por comprensión lectora?
  • ¿Cómo enseñar a tu hijo el comprender un texto?
  • Consejos para ayudarle a comprender lo que lee
  • Regla del conocimiento previo
  • Entrar en el juego de la comprensión lectora

Comprensión lectora: emocionarse para aprender

Por Fundación Entrelíneas para Viva Leer Copec.
Antes de responder a la pregunta de este artículo, comenzaremos por afirmar algo que quizás ya hayas leído antes: nuestro cerebro necesita emocionarse para aprender.

Tal cual. Si no nos sentimos involucrados en lo que estamos leyendo; es decir, si no nos motiva, no nos llamará la atención. Esto corre para todos: niños, jóvenes adultos. Y con todo tipo de información. Pongamos un ejemplo fácil: si asistes a un concierto donde la música no es de tu gusto, tus oídos serán indiferentes a ella, no la entenderás o el sonido te molestará, y querrás que termine pronto. Por el contrario, si es música que te apasiona, cantarás, bailarás y tu cerebro – además de procesarla como una experiencia intelectual – la asimilará significativamente, desde esa fibra emocional indispensable que la incorpora y la guarda en nuestra memoria para siempre.

El niño/a que se adentra por primera vez en la experiencia de leer (leyendo autónomamente, o escuchando cuentos u otro tipo de textos) también necesita de ese interés. Y tu hijo/a, si bien requerirá de cierta ayuda para guiar esa lectura interesada, también tendrá que sentirse partícipe para que la nueva información le haga sentido, y tener una inclinación personal hacia lo que está leyendo.

¿Qué entendemos por comprensión lectora?

Actualmente hablamos de comprensión lectora cuando el lector logra interactuar con el texto y a partir de él construir nuevos significados. Es decir, va más allá de la comprensión del texto de manera literal, implica también la capacidad de relacionarlo con experiencias propias, como también poder inferir o abrir otras reflexiones a partir de lo leído. Obviamente, estas habilidades se van desarrollando de a poco y con la práctica. También es importante considerar que como cada lector es diferente, esos nuevos significados y relaciones harán que el texto no sea cerrado, sino que se abra a muchos sentidos e interpretaciones dependiendo de quien lo lea.

Si quieres saber cómo elegir un libro para tu hijo/a, te invitamos a revisar nuestro artículo: Criterios para seleccionar libros infantiles.

¿Cómo enseñar a tu hijo (o hija) a comprender un texto?

Son muchos los padres y madres que ante el desempeño de sus hijos en el colegio se preguntan: ¿cómo puedo ayudar a que mi hijo comprenda mejor un texto?

Estrategias simples y otras más complejas pueden servirte para esta tarea. Pero más que una “tarea” (esta palabra nos remite de inmediato a algo por obligación, y como dijimos, comprender un texto está directamente ligado al placer de hacerlo, ¡un cerebro aburrido no comprenderá nada!) es un proceso que no solo puedes aplicar a la lectura, sino al conocimiento del mundo en general.

Desde enfrentarte a un nuevo paisaje geográfico – visitar una nueva ciudad, muy distinta a la tuya, por ejemplo-; conocer a una persona distinta a ti en edad, idioma o ideología; o simplemente saborear una comida que jamás habías probado: la lectura, así como el conocimiento de un paisaje, de una persona, de una comida, es entrar en un nuevo mundo, explorarlo, hacerlo propio para así valorar su riqueza.

Consejos para ayudarle a comprender lo que lee

Una de las principales cosas que debes tener en cuenta es qué le interesa a tu niño o niña: preguntarle sobre qué temas le gustaría aprender. Esto activará lo que se llama conocimiento previo. Al niño le interesan ciertas cosas y a partir de ese gusto, desea seguir profundizando, investigándolas, o conocer nuevas cosas que tienen relación con lo que ya le gusta.

Por ejemplo: si a tu niño/a le fascinan los libros de dinosaurios, tú como mediador de la lectura (padre, madre, cuidador, profesor) que ya conoces su gusto, puedes ampliar su interés y ofrecerle otro tipo de libros sobre el mismo tema…

Dinosaurios, un mundo increíble, Garry Fleming, Editorial Panamericana
Quiero ser un dinosaurio, Fita Frattini, Pequeño Editor
Dinosaurium, Chris Wormell y Lily Murray, Editorial Impedimenta
Alex quiere un dinosaurio, Hiawyn Oram y Satoshi Kitamura, Editorial FCE
Inventario de Dinosaurios, Virginie Aladjidi y Emmanuelle Tchoukriel, Editorial Kalandraka

… o tal vez, ampliar su interés a historias sobre dragones que se parezcan mucho a los dinosaurios.

Cómo encender un dragón apagado, Didier Levy y Freed Benaglia, Libros del zorro rojo
Dragones, mito y leyenda, Jonathan Evans, Ediciones Paidós
El dragón rojo, Max Velthuijs, Libros del zorro rojo

Regla del conocimiento previo

En todo caso, muchas veces en el contexto de la escolaridad, tendrás que ayudar a tus hijos a comprender textos que no les interesan tanto, o textos a los que les cuesta “entrar” por diferentes motivos. Aun así, la regla del conocimiento previo te servirá: si a un niño le cuesta comprender los textos narrativos (que nos cuentan una historia con principio, desarrollo y fin), porque prefiere aquellos que informan sobre un tema concreto (como los animales, el universo, el mar, el cuerpo humano, etc.) y tiene más habilidades para comprender ese tipo de textos, que explican cosas con cuadros, mapas, infografías, líneas de tiempo, esquemas, imágenes, etc., podemos ayudarlo a comprender una narración de manera informativa, acudiendo a ese formato para captar su atención.

Un ejemplo de este cruce de maneras de leer para comprender puede ser el libro Abecedario, de Ruth Kaufman, Raquel Franco y Diego Bianchi (Pequeño Editor), que resulta original ya que en vez de mostrar las letras relacionadas a cosas, las asocia con acciones y sensaciones infantiles como jugar, celebrar, nacer, lo que logra la identificación con el niño. En este ejemplo tenemos entonces un libro que, además de incorporar el abecedario, accede de manera lúdica a otros conceptos, a la lectura de imágenes, y a la expansión de sentidos.

Libro Abecedario, de Ruth Kaufman, Raquel Franco y Diego Bianchi (Pequeño Editor).

En definitiva, si sabes lo que a tu niño le gusta, podrás ofrecer nueva información para él y ampliar su conocimiento, sumando palabras a su vocabulario, mostrándole diversos significados, relacionando lo que ya sabe con nuevos imaginarios.

Entrar en el juego de la comprensión lectora

Para contribuir a lo que tu niño/a le interesa, tú también debes estar implicado en lo que leerás con él. Quizás no domines completamente el tema y tengas “vacíos”, pero lo importante es que estés dispuesto a adentrarte con tu niño en esa lectura: será una experiencia nueva tanto para el niño como para ti. Tú también aprenderás, tu cerebro también se emocionará, y logrará conectar con el que te escucha.

«Los textos buscan lectores, y yo mediador, promotor, intérprete de la cultura escrita, busco textos para ofrecer a los lectores, pero textos cargados de sentidos.

En este doble juego ocurren las epifanías. Y es que el lector se transforma cuando un texto le dice algo».

Beatriz Helena Robledo

Si cuentas un cuento con un tono plano y desinteresado, rápido, como si fuera un trámite, pensando en cualquier otra cosa que te preocupa o revisando tu celular cada dos minutos, será poco probable que el niño/a se emocione y enganche con tu voz e intención.

Ambos deben entrar en el juego… ¡Y atrevernos a jugar suele ser un gran desafío para los adultos!